Las democracias en América Latina viven una época compleja: han pasado de ser democracias fatigadas (Manuel Alcántara, dixit) a democracias acosadas que aún parecen poseer capacidad de resiliencia. Lo pone en evidencia el fracaso de la insurrección bolsonarista, el golpe de autoridad de Lula destituyendo al Comandante del Ejército o que el débil gobierno peruano no haya sucumbido tras los disturbios en Lima.
El verdadero peligro, al menos por ahora, es que la región caiga en un estancamiento democrático (Scott Mainwaring y Aníbal Pérez Liñán) o que “nos acostumbremos a la «mediocridad democrática” (Andrés Malamud). Más a largo plazo, la incapacidad para “repensar la democracia” (Daniel Zovatto) se alza como el flanco débil por donde pueden penetrar caudillos iliberales y acrecentar la actual “crisis de las democracias latinoamericanas” (Calos Malamud).